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[Obligatorio] Convertirse en Vampiro (El Abrazo)

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[Obligatorio] Convertirse en Vampiro (El Abrazo)

Mensaje  Aisling A. Cherenkova el Mar Ago 11, 2015 5:14 pm

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El Abrazo 
 
 
No todas las víctimas del Beso (mordedura) de un vampiro se levantan para convertirse a su vez en Vástagos: crear a un nuevo vampiro requiere de un esfuerzo consciente, y con frecuencia una autorización. El Abrazo es el término para el acto de convertir a un mortal en vampiro.
Cuando un Vástago quiere crear progenie, sus cacerías toman nuevas características. Ya no se limita a buscar alimento, sino que se vuelve más artero y perceptivo, buscando la conbinación perfecta de comportamientos personales propios de la inmortalidad.

Las razons para Abrazar a nuevos vampiros varían de un Vástago a otro. Algunos Sires sienten un gran remordimiento por su maldición, y eligen mortales que puedan "devolver algo" a la depravada raza de los Vástagos. Unos pocos vampiros buscan grandes artistas, pensadores, creadores o simplemente almas apasionadas, cuyos talentos deban ser preservados para siempre. Estos Vástagos suelen sufrir mucho cuando ven las consecuencias de su egoísmo, pues el Abrazo suele destruir la chispa de la creatividad.
Los vampiros carecen de la facultad humana de innovar verdaderamente: cabalgan las tendencias humanas en lugar de asentarlas, y hasta sus obras más inspiradas son simplemente pálidas imitaciones de la obra mortal precedente. Es una ironía que los Vástagos que querrían preservar para siempre el don de un chiquillo hagan en realidad más daño al talento de su progenie que el que haría el simple paso del tiempo.

Otros Vástagos son vengativos con el Abrazo, eligiendo mortales a los que desean ver sufrir. Algunos Malkavian particularmente crueles se divierten llevanto a los totalmente locos a sus filas, esperando conseguir alguna sabiduría de la demencia del novato mientras éste se hunde en la desesperación. Los repulsivos Nosferatu también se divierten Abrazando a los vanidosos y a los guapos, disfrutando de los angustiados gritos del chiquillo mientras se convierte en un horror deforme. Incluso los Toreador, en su degeneración, eligen a veces a chiquillos con el propósito de afirmar su superioridad sobre quienes han sido mimados en vida.

Muchos Vástagos, no obstante, Abrazan movidos por la soledad o el deseo. Estos vampiros son invariablemente los peor librados, pues tras la culminación de su deseo o su angustia no reciben compañeros, sino monstruos tan despiadados y depredadores como ellos.

Raramente se Abraza por capricho: el derecho a crear progenie se otorga muy de cuando en cuando, y los que observan las Tradiciones son remisos a desaprovechar una oportunidad que puede tardar mil años en aparecer de nuevo. No obstante, algunos vampiros son veleidosos, negligentes o simplemente inconscientes del derecho del Príncipe a destruirles a ellos y a su progenie. Las filas de los Caitiff están llenas de Vástagos que no conocen su linaje, de otros creados accidentalmente por vampiros descuidados y de retoños de Sires que no se preocupaban por ellos.

El acto físico de crear un Vástago no es complejo, aunque muchos Sires niegan a explicárselo a sus chiquillos. El vampiro desangra primero a su víctima hasta dejarla al borde la de muerte... lo que no es difícil, pues una vez administrado el Beso la víctima suele estar demasiado embelesada por el deleite para resistirse. Tras extraer toda la sangre mortal del futuro chiquillo, el vampiro le pone algo de la suya en la boca. La cantidad puede variar, pues algunos vampiros amamantan a los chiquillos con sus muñecas mientras otros le dejan caer una gota de vitae en los labios y se quedan mirando cómo la Bestia toma el control. Se dice que los vampiros del Sabbat Abrazan a sus chiquillos y después los entierran, obligando a la progenie a abrirse camino a través de la tierra de su propia tumba.

Sea cual sea el curso de acción, el chiquillo sufre una muerte física y espiritual de la que se alza poco después. En muchas ocaciones, la muerte es un período de gran dolor y angustia; el chiquillo sufre espasmos y se estremece a lo largo del proceso.


El Renacer

El instante del renacer, en comparación, es quizá el mayor placer que puede sentir un Vástago, y probablemente el último éxtasis verdadero que conocerá.
A medida que el proceso místico transforma el cuerpo muerto del chiquillo, corrige las imperfecciones y con frecuencia lo embellece, aunque de forma surreal.
Es una belleza temible, una gracia depredadora como la de un tiburón o una serpiente venenosa. Los sentidos se afinan también hasta un nivel sobrenatural, revelando sonidos nunca percibidos, estímulos táctiles desconocidos, gamas de colores imperceptibles para el ojo humano y miles de olores reconocibles.

El sentido del gusto también se desarrolla, aunque hacia un solo y terrible sabor. Sólo una sustancia satisface al vampiro: la sangre humana. Desde el momento en que se levanta, el vampiro es un esclavo de la pasión de su Hambre, y cada noche a partir de su Abrazo experimentará un ansia que sólo podrá saciar alimentándose de miembros de su antigua especie.

Tras el Abrazo el chiquillo es conocido como un Novato o Retoño, quedando bajo guía y protección de su Sire hasta que éste lo declare preparado para enfrentarse solo a la noche. Es responsabilidad del Sire educar al chiquillo en las costumbres de la Estirpe, aunque tal educación raramente es formal: suele ser incompleta y está siempre condicionada por los prejuicios y celos del maestro. Muchos Sires, deseando conspiradores, sicofantes o simplemente primos, envenenan las mentes de sus chiquillos contra sus enemigos u omiten intencionadamente importantes datos para dominarlos mejor.


Las Primeras Noches


Al entrar en el mundo de los Condenados, el Chiquillo aprende acerca de la sociedad de los no-muertos a través de la tutela y la experiencia acumulada de su Sire. Si éste le presenta a otros Vástagos, el novato puede conseguir conocimiento de primera mano sobre la pompa y el ritual propios de la sociedad vampírica. Muchos Sires, no obstante, alejan a sus chiquillos de los demás Vástagos, temiendo que aprendan algo inconveniente.

Muchas de estas primeras noches se pasan aprendiendo lo que significa ser un no-muerto. El Neonato se encuentra inevitablemente con su Bestia, y cae en frenesí o aprende rápidamente a someter su llamada salvaje. El Sire puede ofrecer consejo y ayuda para contener al depredador, o contemplar cómo domina a su chiquillo para luego reprenderle por su debilidad. Es ahora cuando el neonato descubre que la no-muerte es en realidad una maldición; a pesar del poder otorgado por el Abrazo ya no es él mismo, y debe estar para siempre en guardia frente al Hambre que arde en su interior.

El chiquillo aprende también (¡demasiado tarde!) a apreciar la capacidad emocional de los mortales. Como vampiro su corazón ha muerto, dejando un frío cadáver incapaz de sentir nada de verdad. Muchos compensan esto forzándose a sentir, conjurando recuerdos de emociones muertas mucho tiempo atrás. La desesperación es todo lo que queda en el corazón de muchos Vástagos que se dan cuenta de todo lo que han perdido al morir.

Las primeras noches son tiempo de frías revelaciones. Muchos novatos no pueden aceptar el terrible nuevo mundo nocturno en el que han renacido, optando por encontrar el olvido bajo los rayos del sol en lugar de seguir con su existencia.

Caza

La lección más importante que aprende un Vástago recién creado es cómo cazar presas humanas. El Sire asume invariablemente un papel esencial en el proceso, ya sea instruyendo al Neonato en el arte de alimentarse o dejando que lo haga por sus propios medios para ofrecerle una crítica después.

La malicia del Vástago tiende a salir a la luz cuando enseña a cazar a su chiquillo. Muchos vampiros niegan un "período de destete" a su progenie, durante el cual puedan subsistir con sangre de animales. De hecho, algunos omiten informar de que la sangre de animal puede sustentar a un Vástago. Vuelven a sus Retoños contra la humanidad de inmediato, obligándoles a cazar aquello que eran hasta hace pocos días.

El Neonato aprende pronto que la caza es el eje de la existencia del vampiro. De todas las prácticas en las que el Sire instruye a su chiquillo, alimentarse es la única imprescindible para la supervivencia. Así, muchos Sires enseñan a su progenie a saborear la caza, alimentando sus pasiones con el terror de la presa o recreándose en la anticipación de un trago de sangre antes incluso de que ésta moje sus labios. La alimentación el vampiro, conocida como el Beso, provoca gran éxtasis en el recipiente, la persona de la que se bebe. No hace falta decir que el Vástago siente también un deleite físico al llenar con la vitae el vacío de su alma. El Placer de la alimentación de un vampiro es comparable con el Orgasmo mortal, pero infinitamente más embriagadora.

Los vampiros se alimentan de distintas maneras, según su personalidad. Algunos prefieren la brutalidad de cazar a quien deseen, manejando toscamente a sus recipientes y abandonándolos después. Otros se toman grandes cuidados para aumentar la sensualidad del Beso, preparando elaboradas seducciones y reuniendo verdaderos harenes de amantes mortales de los que alimentarse. Otros Vástagos roban la sangre de sus recipientes sin que éstos se den cuenta, alimentándose de los durmientes o de los olvidadizos o ebrios.
Los vampiros también experimentan los efectos de beber la sangre de recipientes con características peculiares: la sangre de una persona enferma sabe mal y puede tener efectos perjudiciales, mientras que un Vástago que se alimente de alguien borracho o drogado se sentirá como si él mismo estuviese bebido o colocado. Algunos vampiros disfrutan de este libertinaje indirecto y buscan recipientes intoxicados.

A fin de cuentas, cada vampiro cultiva su propio estilo y preferencias particulares al alimentarse. El aprendizaje da una oportunidad de definir estas preferencias, y el Sire suele disfrutar observando los primeros y tambaleantes pasos de su chiquillo hacia la condición de verdadero depredador. Pero el Vástago debe aprender también a observar la Mascarada mientras se alimenta. Con este fin, suele lamer la herida producida por sus colmillos, sellándolas por arte de magia para no dejar rastro de su presencia.
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