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[Info] El Guardián del Elíseo, Las Arpías y El Senescal (Jerarquía de la Camarilla)

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[Info] El Guardián del Elíseo, Las Arpías y El Senescal (Jerarquía de la Camarilla)

Mensaje  Aisling A. Cherenkova el Mar Ago 11, 2015 9:11 pm

EL SENESCAL

En el mundo mortal, el senescal era el amo de llaves de una casa nombre, el que estaba al tanto de los asuntos, el que siempre sabía lo que pasaba y el que estaba más cerca del señor.
Era el senescal el que quedaba al cargo cuando el señor se marchaba, y quien cuidaba de su hacienda en tiempos de desastre: En el mundo vampírico, el puesto no ha cambiado. El senescal es elegido para ser el ayudante personal del Príncipe, el que sabe lo que pasa en un momento dado, y (según algunos chismosos) con el que tienes que tratar si quieres que se haga algo.
En cualquier momento se le puede pedir que ocupe el lugar del Príncipe si este deja la ciudad, abdica o es asesinado.

Aunque un Príncipe quizá quisiera tener la última palabra en la elección, un buen número de primogenituras han luchado para asegurarse que se nombre a un candidato de su gusto.
Si se ve al Príncipe como débil o no es apreciado, la lucha es aún más intensa. Después de todo, los accidentes suceden, la primogenitura insiste y quizá lo mejor fuera que el siguiente en la cola sea alguien con los que se evitaran estos enredos. Los Príncipes insisten en que la elección es suya, particularmente porque el senescal ocupa una posición muy delicada. Señalan ciertos desastres en la historia de la Estirpe relacionados con el senescal, como el Incidente de Nuremberg de 1836, cuando un espía Sabbat consiguió acceder al puesto y la ciudad estuvo a punto de ser invadida en cuanto el senescal entregó los secretos que había averiguado a sus cohortes.

Para la mayoría de los Senescales, el trabajo puede ser muy desagradecido. Puede verse como una piedra de toque en el camino hacia puestos más importntes, pero las recompensas no siempre guardan proporción con el tedio y el peligro. A un Senescal se le puede pedir que sea a la vez secretario, filtro de información, príncipe pro tem, recipiente de vitriolo, y embajador o punto de contacto para cualquier nuevo Vástago que entre en la ciudad. Algunos Príncipes pueden tener otras labores para sus Senescales, como acudir a ciertas reuniones en su nombre o incluso tratan algunos asuntos que los Príncipes no consideran merecedores de su atención. Para un Príncipe ocupado con otras preocupaciones (como cazadores, Setitas o Sabbat), un Senescal capaz puede ser un regalo del cielo.
Si el Senescal es incompetente, sin embargo, puede ser una pesadilla. Un Senescal ignorante de los movimientos de los nuevos Vástagos en la ciudad puede estar abriendo por descuido las puertas de la ciudad a las tropas del Sabbat, o uno que haya cerrado una iglesia por sospechar que alberga cazadores puede haber enojado al Nosferatu que también empleaba el lugar.

Varios Senescales se han aprovechado de sus puestos, usándolos para convertirse en el Vástago mejor informado de la ciudad, aventajando incluso a las Arpías. Algunos, como filtros de información, pueden editar selectivamente lo que sabe o no sabe el Príncipe (según un criterio de necesidad, en el que, como es obvio, el Senescal decide lo que el Príncipe necesita saber).
Otros pueden bloquear asuntos del orden del día de la noche si encaja con sus propósitos, frecuentemente cuando el Vástago que propone ese tema ha ofendido al Senescal de algún modo. Como el Senescal suele ser el que está más cerca del oído del Príncipe, puede informarle como quiera acerca de las cuestiones políticas o empresariales -las falsedades por omisión son la moneda de cambio de los Senescales-.
Si alguien resulta ofendido por el modo en que lleva las cosas el Senescal, el humilde vampiro puede pretender que es meramente el portavoz del Príncipe, y apuntar hacia arriba a la hora de echarle la culpa a alguien.
Un Senescal astuto con ambición y un Príncipe cargado con las inquietudes de un dominio grande pueden ser una convinación explosiva. La selección de un Senescal sigue varios criterios, dependiendo de un Príncipe u otro, y de primogenitura a primogenitura.
Algunos prefieren la docilidad a la confianza, mientras que otros ven la independencia y el sentido común como las cualidades ideales. Pocas primogenituras han permitido que el Senescal sea del mismo clan que el Príncipe, viéndolo como una invitación al desastre en forma de favoritismo hacia el clan.


LAS ARPÍAS

Las Arpías son los chismosos, los intrigantes y los que otorgan la posición social.
Son la palabra en el oído inoportuno, los que pueden hacer que la no vida de un vampiro sea un infierno por el mero hecho de llevar una corbata fea o devolver un insulto.
Muchas de las mejores Arpías (lo más observadores, los de lengua más afilada, los más ingeniosos) son antiguos, aunque no pocos ancillas con talento ocupan sus lugares en estos puestos de poder ocultos. Los neonatos rara vez son algo más que ayudantes o aprendices de las Arpías de buena reputación, simplemente porque son demasiado nuevos a los matices de la etiqueta de la no vida como para entender lo que sucede. Un neonato que trata de ascender a la posición de Arpía pronto ve que sus superiores se vuelven contra él implacablemente; la mayoría ven como se despelleja verbalmente su ambición en el acto. Si tiene suerte, se limitarán a ponerle en ridículo.

Las Arpías rara vez son nombradas en el acto. Aquellos que cuentan con las habilidades necesarias formaban parte del escenario social de elite en vida, viviendo como chismosos populares, diletantes y vividores. Como en la vida, estas mariposas sociales revolotean allá donde pueda haber "gente guapa", y se limitan a hacer lo que hacían antes. No les impresionan los pavoneos, demuestran tener una percepción extraordinaria acerca de la naturaleza humana y vampírica, y pueden ostentar con una capacidad infalible para a través de los fingimientos y las poses.

Una Arpía destacada puede elegir a un ayudante o dos, particularmente en una ciudad con una numerosa población de Vástagos. Después de todo, incluso la mejor Arpía no puede aspirar a estar al tanto cuando hay Elíseos tanto en la Academia de Bellas Artes como en el Hard Rock Café de la zona.
Una ciudad importante, como Viena o Londres, puede albergar al menos a seis Vástagos considerados como las Arpías principales, y a otros 20 que sirven de ojos, oídos y fuentes de información adicionales.
En una ciudad más pequeña, puede haber dos ocupando el puesto, aunque la cuestión de quién está realmente al cargo es otro asunto (sobre el que se lucha incesantemente).
En pueblos y áreas rurales a menudo se prescinde de las Arpías, pero en todas partes se puede encontrar a un vampiro que preside la limitada escena social como una especie de Pitita Ridruejo no muerta. La mayoría de las Arpías suelen ser de clanes "sociales", como los Toreador y los Ventrue, pero se sabe que no pocos antiguos Brujah o Malkavian más lúcidos también han ocupado el puesto.

No sólo ocupadas con quién dijo qué y a quién, las Arpías también se interesan por las complejidades de la etiqueta de la Estirpe. Hay na manera adecuada de hacer las cosas y una manera errónea de hacerlas, y las Arpías se aseguran que las cosas se hacen bien. Alquien que se encuentre en la lista negra de las Arpías a menudo se ve al margen de todas las principales reuniones sociales, y no es tan difícil sufrir esta clase de ostracismo.
La grosería, la ordinariez, hablar cuando no se tiene la palabra, ser irrespetuoso o ser claramente estúpido puede poner a un vampiro en el punto de mira de las Arpías.

Aunque algunos pudieran decir con desprecio que la desaprobación de unos cuantos "vejestorios" no significa mucho en el gran esquema de las cosas, las Arpías (y sus víctimas) no suelen estar de acuerdo. En una época en la que las noticias más recientes pueden transmitirse instantáneamente entre las Arpías por medio de una red de chismorroneos que asombra la imaginación, las Arpías de una ciudad pueden asegurar a un infractor que recibe una bienvenida no muy cordial allá donde vaya.

Son las Arpías las que ayudan en la negociación y firma de acuerdos de prestación, y a menudo se les pide que asistan a sus Príncipes en las visitas de dignatarios. En estas noches modernas, las Arpías están muy ocupadas, atendiendo a las repercusiones del correo electrónico como método adecuado de correspondencia, lo apropiado de solicitar a un antiguo que pase por un detector de metales o la manera cortéz de indicar a un potencial portador de enfermedades que se dirija al laboratorio para hacer unas pruevas.

Cuando las Arpías atacan, lo hacen con lenguas tan afiladas que llegan a brillar.
Aunque los insultos no parece que debieran importar demasiado a un vampiro, en un ruedo en el que la única arma es el ingengio (como el Elíseo), un vampiro que depende de la fuerza bruta está a merced del ataque de las Arpías. Una insulto particularmente agudo será escuchado y repetido por docenas de Vástagos, humillando al objetivo allá donde vaya.
Igual de malo es el desaire, que consiste en que las Arpías y todos los que buscan su favor dan la espalda a alguien en masa.
Un vampiro aislado de esta manera se encuentra en una posición dificil -no puede marcharse sin ser el hazmerreir de todos, pero si se queda generará más frustración y risitas entre los que apoyan el desaire.

Aunque estas técnias parecen suaves comparadas con, por ejemplo, desgarrar la garganta de alquien con Garras de Lobo y una buena dosis de Potencia, uno deber recordar el contexto. Los Vástagos viven en una sociedad en la que la violencia intestina está absolutamente prohibida; uno no puede responder a un insulto dejándose llevar y matando al ofensor, a menos que tenga mucho cuidado.
Un vampiro que sea diana de las Arpías no puede devolver el ataque literalmente sin incurrir a la ira del Príncipe, el Sheriff y los antiguos del clan de las Arpías -una hueste de enemigos que son capaces de convertir en cenizas a cualquier infractor solitario. La guerra social se convierte en la única guerra aceptable, y las Arpías disponene de mejor munición que todos los demás.


EL GUARDIÁN DEL ELÍSEO

El nombre del cargo es bastante explicativo, este Vástago es responsable de todo lo que sucede en el Elíseo y habitualmente en sus alrededores.
Un Toreador que quiera programar un recital, un Tremere que dé una conferencia sobre alquimia medieval o dos Brujah que quieran dirigir un debate acerca de la relación actual de los Vástagos con la policía deben hablar antes con el Guardián.
El Guardián puede cancelar un acontecimiento en cualquier momento, incluso minutos antes de que empiece, si considera que es una amenaza para la seguridad y la Mascarada. (Da igual si es este el caso: el guardián dispone de esa autoridad para utilizarla como le paresca).
Tal poder, aunque no es tan impresionante como el derecho del Azote a la Eliminación, puede usarse con grandes resultados; la cancelación despreocupada de un recital en el que el vampiro artista ha estado meses dándose bombo probablemente afecte a su reputación.

Los guardiantes pueden ser de cualquier clan; la mayoría son, como poco, ancillas, lo que les da la influencia que necesitan para contratar o crear la seguridad necesaria para el Elíseo. Contradiciendo a la creencia popular, la mayoría de los guardianes no son Toreador. Dichos Vástagos suelen distraerse con mucha facilidad de sus obligaciones en el entorno del Elíseo.

El trabajo lleva aparejadas muchas responsabilidades y pocas ventajas.
Un guardián es responsable de todo lo que sucede dentro de las paredes del Elíseo (y menudo en sus alrededores). Aunque el puesto es un nombramiento prestigioso, y puede proporcionar a un Vástago una buena ración de reconocimiento y posición, pone a ese Vástago bajo casi la misma vigilancia que sufre el Príncipe. Como el puesto exige que el guardián se relaciones con mortales con cierta regularidad, los Vástagos monstruosos (ya sea por su semblante o por su comportamiento) nunca son tenidos en cuenta para el cargo, a menos que tengan alguna manera de disfrazarse.

El nombramiento también suele ser condicional, el guardián puede esperar ser examinado por las distintas asambleas acerca de su actitud con respecto a la Mascarada, los mortales, la seguridad y el Elíseo en general. Las Arpías no son amables con un guardián fracasado, si sigue cerca para soportar su desprecio.

Todas las noches, el guardián debe asegurarse que el Elíseo se atiene a las reglas fundamentales acerca de las Tradiciones establecidas y la Mascarada. Puede ser responsable de impedir el acceso con armas, un trabajo que a meudo solicita que realice el Sheriff. En alguna ocación tiene que hacer de anfitrión, alternando entre sus visitantes y asegurandose de que todo marcha bien. Si el Príncipe pide que se sirva un refrigerio, el guardián tiene la misión de procurárselo. Cuando varios Vástagos quieren hacer uso del Elíseo para poner algo en escena (como unas lecciones de danza, un debate o incluso un recital de musica), el guardian tiene que hacer juegos malavares con el calendario social para asegurarse que todos tengan su turno y que los habitualmente ruidosos debates de los Brujah no interfieran en la actuación silenciosa de un artista Malkavian.
Si los mortales curiosos se asoman a las ventanas, o un guardia de seguridad tropieza por accidente con una reunión de Vástagos, el guardián tiene que tapar el asunto y puede solicitar los medios necesarios para hacerlo.
Apoyarse con demasiada frecuencia en estas peticiones, sin embargo, es un buen método de provocar la ira de un Príncipe, y los mejores guardianes suelen ser los que menos llaman la atención.

"De tal guardián, tal Elíseo", es un dicho familiar de las altas esferas, y es bastante cierto. Un guardián continuamente paranoico ante los infiltrados dirige el Elíseo con un control absoluto, y sus reuniones se parecen a las horas de recreo en las prisiones.
Un guardian muy interesado en las artes puede preferir las reuniones en salones a recibir a cualquiera que tenga algo que contribuir, mientras que uno más interesado en las relaciones sociales alteraría las reuniones apoyadas por los antiguos similares a la Mesa Redonda Algonquina.
De todos los cargos de una ciudad, éste es el que cambia de manos con mayor frecuencia.
El puesto es una especie de balón de fútbol político, pateado sin cesar entre el Príncipe y la primogenitura. Además, el papel ofrece a un Vástago magníficas oportunidades para fracasar; antes o después, todo guardián termina ofendiendo a alguien. Un guardián inteligente sabe cuando dimitir; los estúpidos aguantan hasta encontrar un amargo final.
Si un vampiro juega bien sus cartas, puede conservar el puesto de guardián durante tres o cuatro legislaturas en unas décadas; los guardianes de talento suelen ser ascendidos al puesto una y otra vez.
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