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[Complementario] El Sheriff, El Azote y Las Masas (Jerarquía de la Camarilla)

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[Complementario] El Sheriff, El Azote y Las Masas (Jerarquía de la Camarilla)

Mensaje  Aisling A. Cherenkova el Mar Ago 11, 2015 9:13 pm

EL SHERIFF

Aunque la descripción del trabajo del Sheriff puede variar de una ciudad a otra, su principal función es ser el "policía" del Príncipe.
Generalmente ayuda en los aspectos de gobierno relacionados con la fuerza, haciendo de todo, desde llevar ante un tribunal a los infractores a mantener el orden en las calles y de vez en cuando incluso echar a imbéciles del Elíseo.
En tiempos de guerra, se suele pedir al Sheriff que sea el comandante de operaciones, liderando los ataques y coordinando el aspecto marcial del combate.
Un Sheriff puede nombrar ayudantes para que le asistan, que suelen actuar en su lugar, pero tales nombramientos habitualmente necesitan aprobación del Príncipe. Con mucho, los Brujah y los Gangrel son los clanes con más Sheriffs, aunque puede ser elegido cualquiera con inclinaciones marciales.
Como parte de las obligaciones del Sheriff es la vigilancia de rupturas de la Mascarada, también se le pide al Sheriff un mínimo de inteligencia además de su fuerza muscular. Cada vez son menos frecuentes los simples matones; se han convertido en la norma los agentes que son precisos en su aplicación de la fuerza.

Los guardiantes del Elíseo y los Sheriffs pueden ser los mejores amigos o los enemigos más encarnizados. Un guardián que insisten en encargarse de la seguridad del Elíseo se arriesga a pisar el terreno del Sheriff, que cree que una acción así indica a las Arpías su incompetencia.
Un Sheriff que se hace cargo de la seguridad del cónclave y del Elíseo sin preguntar por los planes existentes puede enojar al guardián, privándole de su necesaria ayuda cuando llega el momento de solicitar el uso de medidas de seguridad más firmes (como los sensores de calor).
Por otro lado, cuando los dos cargos trabajan codo con codo, particularmente durante los cónclaves, pueden tejer una telaraña que podría contener el mar. Los guardianes y Sheriffs a menudo tienen mucho que decir en la elección del otro, y no es raro que dos Vástagos muy unidos ocupuen al mismo tiempo los dos puestos.


EL AZOTE

Algunos afirman que el puesto del Azote es una reliquia de la época medieval, una forma más antigua de Sheriff, mientras que otros creen que el cargo fue creado hace menos de una década (con un pedigrí recién acuñado). Dejando de lado el origen del Azote, el cargo ahora forma parte del paisaje de muchas ciudades de la Camarilla. Desde Berna hasta Portland, los Azotes llevan su autoridad a recorrer las fronteras y yermos de las metrópolis importantes. Sus objetivos son vampiros novatos creados sin permiso, anarquistas y esos vampiros impotentes de 14va y 15ta generación.

Los procedimientos del Azote varían de una ciudad a otra. Algunos Príncipes conceden a sus Azotes el derecho a la eliminación para acelerar el proceso de la purga, mientras que otros Príncipes exigen que el Azote lleve a las "capturas" de esa noche al Elíseo para juzgarlos. Esto último es por algunos rumores recientes de Azotes demasiado entusiastas que atacan y matan a vampiros que habían seguido el protocolo y eran conocidos en la ciudad, pero resultaron estar en el lugar equivocado en el instante incorrecto.
La historia que circula actualmente por el Elíseo describe a un feroz Azote Gangrel que se encontró a tres Vástagos en un edificio abandonado en los yermos de Milwakee. Como se le había otorgado autoridad absoluta para destruir a cualquier Vástago que no reconociera, el Azote se libró rápidamente del trío, que no pudieron presentar mucha resistencia. Se llevó los trofeos de su trabajo, para consternación del primogénito Tremere, que reconoció los efectos personales de tres neonatos recientemente reconocidos; aparentemente habían ido a buscar un lugar privado para realizar un ritual.
El Príncipe incialmente se negó a cesar al Azote, pero el escándalo organizado por la primogenitura y la ira de todo el clan Tremere le obligaron a volvérselo a pensar.

No todos los Príncipes emplean un Azote, de hecho, varios Príncipes (habitualmente de ciudades más pequeñas o menos "presitigiosas") lo ven como un cargo peligroso e inncesario. La legalidad del Azote sigue debatiéndose en diferentes circulos, particularmente acerca de la concesión del derecho a la eliminación de estos gendarmes.
Muchos Sheriffs ven al Azote como una amenaza para su poder, y por eso pueden ser los mayores obstáculos para un Príncipe o primogenitura que quiere introducir un Azote en una ciudad. Por otro lado, algunos Sheriffs ven que los Azotes se ocupan de un problema que les lleva gran parte de su tiempo cuando podrían estar encargándose de muchos otros temas, como las incursiones del Sabbat o los cazadores pertinaces.
Varios vampiros, sobre todo los que visitan los yermos con cierta asiduidad, y una cantidad sorprendente de vampiros de "salón" también ven al Azote como una amenaza potencial; un Azote corrupto o trabajando para el Enemigo podría ser mortal, especialmente si el Príncipe da carta blanca al Azote en sus encuentros con los de sangre diluida.

En general, los Azotes no son los vampiros más populares.
La mayoria son solitarios, y si inicialmente no lo son, las exigencias del puesto pronto hacen que lo sean. Pocos Vástagos se sienten a gusto junto al Azote del la zona, e incluso los Príncipes mantienen a sus exterminadores a distancia. Amargados y aislados, la mayoría de los Azotes enseguida desdeñan la compañia de los Vástagos, renunciando a los Elíseos en favor del "trabajo". Unos pocos Vástagos previsores (habitualmente aquellos que tienen algún trabajo psicológico en sus transfondos) tratan continuamente de recuperar a los Azotes de su zona para la vida social de los Vástagos, temiendo que se conviertan por la falta de contactos sociales en asesinos autómatas incapaces de diferenciar entre amigos y enemigos.
Algunos Azotes desprecian esos esfuerzos "filantrópicos" por confundir su mente, mientras que otros piensan que la alegría forzada sólo enfatiza la distancia entre ellos y los demás Vástagos.


LAS MASAS


No todos los vampiros de la Camarilla tienen un título; ni mucho menos.
La gran mayoría de los miembros de la secta se encargan de sus propios asuntos. Algunos tienen ambiciones para alcanzar poder dentro de la secta. Estos vampiros prestan mucha atención a los asuntos políticos y pueden pasar décadas o incluso siglos planeando su ascenso al poder. Otros evitan el tema por completo, presentándose a cada Príncipe cuando es pertinente, y refugiándose posteriormente.

La realidad es que cada vampiro tiene toda una eternidad por delante, y que haría bien en encontrar algo que hacer antes de que el aburrimiento aplastante de los años le vuelva loco.
La participación activa en la política es una opción sólo para algunos Vástagos; no hay demasiados cargos a los que aspirar, despues de todo, y el ascenso es un proceso lento y sangriento. Eso significa que los Vástagos necesitan encontrar otros intereses y desahogos, mientras observan las Tradiciones y preservan la Mascarada.

La diversión más habitual para los Vástagos tiene que ver con los mortales. Esta relación puede adoptar diversas formas, desde dedicarse a las artes (los grupos musicales de vampiros son sorprendentemente comunes) a manipular corporaciones.
Otros Vástagos tratan de reanudar o iniciar sus vidas mortales, habitando entre los mortales tratando de ocultar sus objetivos o evitar el aburrimiento. Con más frecuencia, no obstante, un vampiro que decide pasar sus noches entrometiéndose en las vidas mortales escoge un campo o institución particular, a menudo por orden el Príncipe, que no tiene ningún interés en que sus súbditos se disputen un negocio especialmente jugosos, y despues se pone a jugar con su nuevo juguete.
Los Vástagos e vuelven protectores de sus contactos mortales, atendiéndoles con el mismo cuidado y pasión que emplea un jardinero en un apreciado bonsái.

A menudo no es tanto una cuestión de la importancia que el vampiro da a esa área específica, sino una cuestión de posesión. Dichos vampiros suelen interesarse mucho por las preocupaciones rutinarias de sus contactos, abundando en los detalles para distraerse. A veces los Vástagos llevan sus cruzadas mortales más allá de la tumba, pero antes o después se desvanecen esas preocupaciones. La fórmula de la venganza permanece, pero los motivos cambian; antes o después, la caza importa más que el objetivo. No es infrecuente entre los vampiros que logran objetivos que han estado persiguiendo siglos caer en letargo poco después; no hay nada más que les interese.

Por otro lado, están aquellos vampiros de la Camarilla que no están interesados en el trato con humanos. La Mascarada es una excusa conveniente para evitar la relación con la humanidad salvo para alimentarse. Estos reclusos están más interesados en asuntos vampíricos: investigación taumatúrgica, filosofía vampírica o expresión artística, u otras labores sólo posibles para aquellos que tienen vidas interminables.
Como aquellos Vástagos que se relacionan con los humanos, los vampiros que se dedican a los asuntos inmortales tienen una pasión predominante por lo que hacen. Al final, lo que importa no es tanto lo que hace cada Vástago, sino que lo hacen enfáticamente, para evitar vagar a la deriva hacia la locura y la eternidad.
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